¡Bendíceme también a mi, padre mío!

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Esaú, hermano de Jacob e hijo de Isaac, vivió como nadie el arrebato -y por lo tanto la ausencia- de la bendición, es por eso que su lamento: “¡Bendíceme también a mí, padre mío!” expresa como ninguna otra frase la necesidad urgente de una Cultura de Bendición en nuestros días.

Bendecir es dar PODER PARA PROSPERAR, y los padres tenemos ese encargo y esa responsabilidad de parte de Dios. Sin embargo, los afanes personales, la prisa de la vida moderna y un desmesurado culto al YO, han diluido esta responsabilidad hasta convertirla en una cultura de maldición que está destruyendo la identidad y el futuro de nuestros hijos.

Este libro pretende que los padres, o futuros padres, sean ayudados a conocer -o redefinir- el concepto de bendición, y a partir de ello renueven su mente y su entorno, estableciendo una CULTURA DE BENDICIÓN en su hogar que le permita dejar un legado trascendente que transforme el futuro de su descendencia.

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