¡Mi hijo es el centro del universo!

Como quiera que sea la decisión que cada familia tome, lo cierto es que los padres, lleguen a las ocho de la noche o estén todo el día en casa, siguen siendo los principales gestores del temperamento, la personalidad y el carácter del niño. La ley de la siembra y la cosecha se cumple en su máxima expresión en el proceso de crianza, es decir, que si usted siembra amor y respeto, cosechará lo mismo; pero si usted siembra engreimiento y egoísmo, cosechará niños amadores de sí mismos.

Y es precisamente de esto que vamos a hablar: de los padres que toman a sus niños como el centro del universo. Esta es una dañina, profunda y peligrosa trampa que es la consecuencia lógica (y lamentable) de minimizar la atención al cónyuge. Los padres dejan su primer amor el uno al otro y se enfocan excesivamente en sus hijos, dando así el primer paso hacia la ruptura familiar.

Quienes caen en esta trampa traen el mundo familiar a su hijo en vez de traer a su hijo al mundo familiar. Todo se concentra en él, ¡incluso los sentimientos del niño son puestos por encima de sus acciones aún incorrectas! Esto, sin duda, causa engreimiento, desobediencia y origina un comportamiento manipulador.

Los enormes riesgos de poner a los hijos como el centro del universo, empiezan en el mismo núcleo conyugal ya que ataca directamente la relación esposo-esposa. Como ya dijimos, esta crianza es producto de la falta de atención mutua entre los cónyuges, y a medida que más se va afirmando este tipo de crianza, mas socavada se ve la relación matrimonial en tiempo, diálogo y detalles.

La “confianza” que el hijo va ganando en sí mismo al ser el centro de todo es una confianza falsa y débil, porque solo está basada en la exagerada atención de sus padres. Muy pronto el niño estará frente a retos que están mas allá de lo que puede manejar, pero en esta oportunidad no serán sus papás los que le den al niño las herramientas para enfrentar estos retos. Con la ausencia de las prerrogativas y la “ayuda” que gozaba, el niño se sentirá desvalido y con poca chance de salir adelante.

Una vez que los padres empezaron a centralizar en la vida familiar los deseos y gustos del “pequeño gran rey” (aunque podríamos decir “pequeño gran tirano” y a nadie le molestaría), empezaron también a fomentar la independencia y no la interdependencia familiar.

¿Qué significa esto? Pues que el niño no interactúa con los demás y no guarda ciertos límites, teniendo en cuenta la comodidad de los demás. De este modo, los hijos dejan de interesarse por el bienestar común, los otros miembros de la familia no importan, y terminan siendo egoístas y solitarios, siempre esperando recibir en vez de dar.

Finalmente, otra de las nefastas consecuencias de este tipo de crianza es hacer caer a los padres en idolatría. ¿Dijeron idolatría? ¿Eso no es un tema que tiene que ver con los antiguos judíos? Pues la respuesta es no. Es un tema muy actual y muy relacionado a los hijos. Pero para que encuentres esta cuerda que une a la idolatría con la relación que tienes con tus hijos, empecemos definiendo esta palabra: es una escala de valores donde le damos más importancia a otras cosas o personas, que a Dios.

Esta es una definición que a nosotros nos gusta, pero si eres de los que les gusta mirar las cosas de diferentes ángulos, te damos otra definición, esta vez de la Real Academia Española: “amor excesivo y vehemente a alguien o algo”.6

Entendido el concepto de idolatría, podemos asegurarte que si consideramos la felicidad del niño una meta mayor que nuestros valores, estamos siendo idólatras. así de simple. Pero hay otra cosa importante: también somos idólatras cuando la salud emocional de los pequeños es puesta por encima de su salud moral.

¿Has notado cómo el niño resulta ser el centro del universo familiar en muchos hogares? Un ejemplo práctico lo encontramos en las salidas de los fines de semana, cuando usualmente la mamá pregunta al niño: “¿Mi amor, dónde quieres ir a comer?”, mientras que el rey de la casa (el papá, para los que no lo saben) mira confundido pensando: “¿Algún día me lo preguntarán a mí?”.

Esto es usual, pasa en muchas familias, pero es algo en lo que debemos reparar si es que no queremos perder la perspectiva de una familia estable. Para finalizar, una idea puntual: el niño nunca debe ser el centro del universo para un matrimonio. Para la mamá, debe ser su esposo; y para el papá, debe ser su esposa. Así funciona mejor, y así, créanlo, el niño será muy bendecido.