¡Estoy desesperada, quiero que mi esposo sea un pulpo y no puede!

Cuando me casé con el hombre de mi vida ¡yo pensé que él también podía hacer todo a la vez! Entonces, empezaba con mi ráfaga de actividades pendientes… “Pepe, por favor bañas a los chicos, levantas los platos de la mesa y cámbiale el agua al perro, yo tengo que salir y regreso en un ratito. Pero también asegúrate de que las tareas estén hechas y revisa que en la refrigeradora estén las cosas que necesitamos para mañana”. Pepe me miraba con asombro y me decía “¡Una por una las cosas por favor!”, y yo volvía a lanzar todo a la velocidad de un rayo.

Cuando regresaba a casa ¡Me sentía frustrada! Miraba a mi esposo y le decía “¡Cómo no has podido hacer esto si solo tienes que poner esto acá, mirar aquí y llevar esto allá! ¡Es facilísimo!”. Y, por supuesto, en mi cerebro el único pensamiento que tenía es “¡que lento!”, y mi vida en casa era llena de frustración. Pero ¿saben qué? Aunque tardé un poco en asumirlo, me di cuenta que… ¡él es normal!


El hombre fue diseñado para otras funciones. De hecho que sí nos pueden ayudar en esas tareas, pero debemos entender que ahí no están sus fortalezas, ellos fueron creados para liderar, y esa labor lo tiene que hacer de una forma más lógica.
Ellos van paso a paso, punto por punto ¡pero saben dónde están yendo! Pueden tomar decisiones sin involucrar emociones, en cambio nosotras involucramos decisiones en todo, hasta para una decisión laboral si eres gerente: “¡Cómo la voy a despedir si tiene a su hijo enfermo!”, en cambio el hombre ve que alguien no es eficiente en su trabajo y hace lo que tiene que hacer. En resumen, él no tiene que ser como yo, pensar como yo, ni tener la perspectiva que yo tengo de las cosas.

Eso fue liberador para mí, y de hecho lo puede ser para ti. Somos diferentes, no mejores ni peores, solo somos diferentes; y entendiendo esas diferencias, ¡ten por seguro que disfrutarás más tu matrimonio!