Se acerca el Día del Padre... Un buen momento para estar atenta a lo que es importante para él

Una pareja de ancianitos llegó un restaurante. La ancianita era muy peculiar. Llenaba a su esposo con atenciones y se dirigía a él con palabras de inmenso cariño:

—Ven, mi vida... Siéntate, mi cielo... ¿Estás a gusto, mi rey?... ¿Qué quieres pedir, mi ángel?

Un camarero observaba eso y estaba impresionado por completo.

Poco después el anciano se levantó de la mesa para ir al baño. El camarero, sin poder contenerse, se acerca a la ancianita y le pregunta:

—Perdone usted la indiscreción. ¿Cuántos años llevan ustedes casados?

—Estamos celebrando cincuenta y cinco años de matrimonio.

—¡Señora! —dice el camarero—. ¡Estoy conmovido! Cincuenta y cinco años de casados y con cuánto amor le habla usted: “Mi vida, mi cielo, mi rey, mi ángel”. ¡Cómo se nota que usted sí sabe darle lo que a él le gusta!

La ancianita le pide al camarero que se acerque y con tenue voz responde:

—Gracias por sus palabras, pero la verdad es que ya no me acuerdo cómo se llama...

  

¡Qué divertido! Sin embargo, ¡qué revelador también! Sin duda, esta historia tan simpática te hará pensar en la importancia de estar siempre atenta a las cosas que le interesan de verdad a tu esposo.

La ancianita, por ejemplo, lo llenaba de dulces sobrenombres porque no se acordaba cómo se llamaba su esposo. En cambio, esas palabras eran una de las cosas que él más necesitaba para que después de cincuenta y cinco años la llama del amor se mantuviera encendida.

¿Eres como la ancianita que llena de palabras dulces a su esposo cada día? ¿O haces todo lo contrario y le prodigas un trato poco amable? No hay muchas cosas nuevas que decir con respecto a este asunto que preocupa a muchas mujeres, pero sí hay muchísimas cosas que debemos aplicar en nuestra vida para que cambien las cosas.

Esta historia es para sonreír, sí, pero también para pensar en lo importante que es para los hombres que una parte de la mujer de su pacto se concentre en las cosas que son importantes de verdad para él. Si bien la ancianita de la historia no lo hizo de manera consciente, ¡debemos celebrar que dio en el blanco! ¡Esas palabras eran una de las cosas más importantes en la vida de su esposo!

Al leer esta historia, algunas personas dicen: «¡Pero la circunstancia de la ancianita es una tremenda y favorable casualidad!». Es cierto, pero podemos aprender de ella porque las palabras dulces son un adorno en una mujer y traen mucho poder... ¡Son como un ungüento en una quemadura! Una palabra dicha con ternura es una de las cosas más valiosas que una mujer tiene. Por lo tanto, ¿cómo son tus palabras?

Perder de vista las cosas que son importantes para el esposo significaría perder la brújula del matrimonio. Para una esposa, su cónyuge debe ser la prioridad número uno y, como es lógico, para el esposo ella debe ser la prioridad número uno. De otro modo, la promesa matrimonial que hicieron los dos sería en vano. Una esposa que es todo lo que debe ser, cumple con realizar las cosas en el orden de Dios al esforzarse en hacer feliz a su marido y tener un hogar armonioso. ¡No hay otra manera!