Mujer, cuida tu corazón, cuida lo que hablas

Si no cuidas tu corazón y lo que hablas, no te incomodará rodearte de amigas que siempre estén hablando mal de su pareja cada vez que comentes alguna situación difícil entre tú y tu esposo. ¿Acaso no sucede a menudo? Cada vez que nos juntamos con las amigas, ya sea con las lindas compañeras que tenemos en la iglesia o en una reunión cualquiera, basta con que una de nosotras empiece a decir alogo como: «¡Ni te imaginas lo que hizo mi esposo!», para que cada una diga lo perverso que fue su marido en cierto momento. ¡Ponemos una parrilla y los freímos a todos! Les damos vueltas y nadie se salva. Todos quedan bien cocinados en nuestra parrilla. Hasta permitimos que nuestras amigas se rían de las debilidades de nuestros esposos ¡Es increíble!

Sin embargo, lo cierto es que a ninguna de nosotras nos gustaría que nos pongan en esa misma parrillita, que también «nos den vueltitas» y que se burlen de nuestras reacciones o quizá de nuestras debilidades. Y menos aun nos gustaría que ellos se vayan a la casa de su mamá y conversen con ella o con sus hermanas acerca de todo lo que ha estado pasando con nosotras, ¡cuando nosotras sí lo hacemos!

Lo más increíble es que aquel de quien estamos haciendo escarnio es nada menos que el sacerdote de la casa. Y, ahora, a ese hombre bendecido por Dios lo estamos bajando al nivel de un payaso, pues lo convertimos en nuestro entretenimiento en esa conversación. No cabe duda que a veces nos olvidamos quiénes son ellos: Nada menos que la autoridad que Dios ha puesto sobre nuestra vida. Nuestro esposo es el hombre con quienes hicimos pacto y a quien prometimos honrar hasta el fin de nuestra vida.

Si no cuidas tu corazón, recordarás por mucho tiempo -y créeme que puede ser para siempre- las ofensas que alguna vez recibas de tu esposo en una riña. Además, ten por seguro que eso no te permitirá avanzar en la vida. La falta de cuidado de tu corazón implica darles paso a todos los comentarios y los pensamientos que resultan nocivos, por más que parezcan «inofensivos».

En este mismo momento ¿cómo está tu corazón? ¿Aprisionado porque piensas que estás siendo una «buena esposa promedio» y tu esposo no lo reconoce? ¿Es la falta de perdón lo que no te deja tranquila? ¿Es tu corazón una gran cacerola donde se prepara a diario una comida de quejas, críticas, gritos, malas actitudes, desesperanza, desilusión y amargura?

Debes desechar el pensamiento que dice "todo lo hago yo sola" o "estoy estoy cansada de ser siempre yo la única persona a la que le importan las cosas que pasan". Debes dejar de pensar que nadie valora lo que haces. Estamos en una época en que muchos hogares, en vez de ser un lugar de descanso y armonía, como Dios quiso que fueran, son un lugar de críticas, malestar, rechazo y descontento. La Biblia, a través del libro de Santiago, capítulo 3, nos habla de un recurso que podemos utilizar para la más amorosa bendición o para la más mortífera maldición... y es la boca. Ella es la que puede convertir nuestro corazón, y nuestro hogar, en esa gran cacerola de críticas  y quejas, rechazo y descontento.

¡Cuida tu corazón!