¿Qué estoy sembrando en mis hijos?

A través de la siembra y la cosecha sabemos perfectamente que si llenamos un campo de semillas de maíz, al cabo de un tiempo podremos recoger, según el cuidado que tengamos de lo sembrado, las más fuertes y deliciosas mazorcas de maíz. ¡Está muy claro que si sembramos maíz, jamás recogeremos manzanas!

Con nuestro hijos es igual: si usted quiere hijos ejemplares, procure sembrar (enseñar) y cuidar (predicar con el ejemplo) comportamientos imitables. Es decir, el gran problema no es lo que nuestros hijos hagan o dejen de hacer, ya que eso es el resultado de lo que ven; el quid del asunto es el tiempo y el talento que utilizamos en enseñarles pacientemente todo lo que es bueno y que da buen fruto.

Debemos, ineludiblemente, fijarnos la meta de formar hijos moralmente responsables y espiritualmente sensibles. Hoy en día innumerables padres de familia cometen el gran error de dedicarse solo a la formación física y mental de sus hijos. Estamos convencidos que la fortaleza de su cuerpo y el conocimiento intelectual son ingredientes importantes para el éxito en este mundo, pero no es todo… En realidad ni siquiera suficiente para alcanzar dicho éxito. Ed Cole decía que hay tres factores que determinan el verdadero éxito en la vida: el conocimiento que poseen, la fortaleza de su carácter y los principios en los que basan su vida.

Pero, ¿se ha dado cuenta de que las dos terceras partes de esta fórmula se imparten en casa? Es decir, la fortaleza del carácter y los principios en los que basamos nuestra vida. ¿Qué quiere decir esto? Simple: el hogar es el lugar por excelencia para formar hijos moralmente responsables y espiritualmente sensibles.

PERO, ¿QUÉ ES LO QUE DEBEMOS ENSEÑAR?

Amados padres, no se desesperen si se equivocan en el proceso. Desde siglos inmemoriales la crianza nos hace cometer errores en este complicado pero emocionante proceso de formar a nuestras generaciones; y no por eso los hijos han terminado como ovejas descarriadas. Sin embargo es sumamente importante que nos instruyamos y que trabajemos arduamente en tener cada vez más aciertos. Recordemos que estamos criando niños imperfectos, que no siempre obedecerán; y a menos que sea un extraterrestre, o un arcángel celestial, usted -como nosotros- también entra en esa misma categoría de ser imperfecto. 

Admiramos mucho a los padres que se especializan profesionalmente y que cada vez van agregando los más impresionantes títulos en su hoja de vida. El tiempo, el talento y la inversión de dinero cada vez son mayores; y lamentablemente esto crece en proporción directa a los hijos desatendidos y los hogares sin padres. ¿Adónde estamos llevando a nuestra siguiente generación? Si nosotros no dedicamos tiempo, talento y tesoros en ellos… ¿Alguien más lo hará? ¿Será la iglesia la que pueda suplir esta necesidad? ¿Será la televisión, internet, los amigos o alguna moderna consola de juegos?

 

 

 

 

CONSTRUYENDO LA FIBRA MORAL

Criar a los hijos es un reto de lo más delicado, porque cada palabra que decimos, y cada gesto que tenemos, dulce o amenazador, marcará de una manera indeleble su existencia. La manera cómo vamos construyendo la fibra moral de nuestros hijos tiene que ser pensada, ejecutada y constantemente corregida. Jamás debemos rendirnos ante una situación difícil. El universo que significa cada niño hará que algunos principios funcionen al cien por ciento, y otros no, pero lo importante es que tengamos a la mano las pautas para empezar y, con la ayuda de Dios, continuar de una manera creativa.

Este último consejo quizá sea uno de los más importantes y más pertinentes en estos días, pero también uno de los menos valorados por los padres de hoy: pase tiempo con ellos. Olvídese de la famosa frase “tiempo de calidad”, porque en este caso la calidad se mide también en función al tiempo. Es así de sencillo. Nosotros no vamos a decirle a usted cuánto tiempo es suficiente para sus hijos, eso lo dirá el corazón de cada uno de ellos.

Pero con seguridad podemos decir que escuchar al pequeñín (mientras usted mira su Smartphone) y decirle (sin mirarlo siquiera) “¡Wow, qué increíble lo que haces!”, es una tremenda desconsideración hacia el rol de padre. Nos gustaría utilizar un eufemismo y que esto no suene tan duro, sin embargo la realidad es que a medida que avanza la vida moderna, los tiempos en familia, aquellos tiempos cálidos y significativos, son los que más pierden valor.

De usted depende.