Falsificadores de la bendición

En la actualidad, hay una constante y equivocada lucha por mostrar la virilidad y femineidad.

Una mujer joven que su padre nunca la bendijo ni le desató bendición, puede ir en busca de aceptación vistiéndose de forma provocativa o tratando de atraer la atención sexual de los jóvenes. Un joven que no está establecido en su propia identidad como hombre, a menudo lucha para sentirse hombre a través de la conquista sexual de las mujeres. Un hombre verdadero y una mujer verdadera están seguros de sí mismos y no necesitan probar su masculinidad ni su femineidad a sí mismos ni a los demás. Es asunto establecido.

Si lo jóvenes no viven una Cultura de Bendición a lo largo de su niñez y adolescencia, y no los desatan hacia la edad adulta mediante la ceremonia de bendición de los padres, muchas veces lucharán por hacerlo por su cuenta y en ese afán lo único que encontrarán son muchas falsificaciones con las que el diablo tratará de engañarlos.

PRIMERA FALSA BENDICIÓN: LAS PANDILLAS

Las pandillas son una falsa familia a la que recurren nuestros hijos en busca de aprobación que no encuentran en casa. Unirse a ellas es encontrar palabras de aliento y muchas actividades en común con otros compañeros. En su mayoría, estas son actividades que el adolescente no puede hacer con su propio padre.

Una de las características de ser miembro de una pandilla es que se prueban a sí mismos a través de actos “heroicos” como robar o matar a alguien. Las pandillas pueden hacer que nuestros hijos no tengan límites en su vida y cometan fechorías que nosotros jamás hubiéramos imaginado. Entonces, ¿Esa es la naturaleza de nuestros hijos? No, eso es producto del rechazo que encuentran en casa.

SEGUNDA FALSA BENDICIÓN: LA HOMOSEXUALIDAD

La homosexualidad es una de las falsificaciones más peligrosas de la bendición. La pérdida de la identidad sexual es un problema sensible que el adolescente encuentra tras una escasa vida familias: Hijos que cada día se ven rechazados por la figura paterna y que encuentran su paradigma en la firmeza de mamá. Por otro lado, tenemos a hijas que no se han valorado en su belleza y femineidad. Hijas que nunca han conocido la protección de los padres y creen que se tienen que defender solas en la vida.

Cuando la autoestima del niño o el adolescente se ve amenazada, debilitada y pobremente establecida, estamos  creando el ambiente propicio para la primera etapa del desarrollo homosexual. El apego fuera de lo normal y el exagerado deseo de aprobación de parte del mismo sexo surge en el contexto de una familia disfuncional; una familia donde con frecuencia se pasan por alto los sentimientos, no se habla al respecto, ni se expresan, o son confusos.

Se ha dicho que las normas de una familia disfuncional son: No sientas ni hables acerca de tus sentimientos, y no confíes en otros ni en tus sentimientos. En este tipo de familia se forma la baja autoestima, una clase de raíz  que se ha encontrado en personas que luchan por vencer la homosexualidad.

¡YO NO VOY HACER COMO MI PAPÁ!

Conocimos a Juan en una reciente conferencia para hombres. Juan era un joven de dieciséis años que llamaba la atención por su marcado comportamiento amanerado. El padre de Juan era el típico macho, borracho, mujeriego, abusador e irresponsable.

En la calle era “el alma de la fiesta” y en la casa era el “ogro abusador”. Juan nunca experimentó la aceptación, el amor y mucho menos la bendición pública de su padre.

Viendo Juan el cuadro familiar, y una vez que su padre le abandonara más tarde, hizo la siguiente declaración: ¡Yo no voy a ser como mi papá! Sin darse cuenta, Juan realizó el voto de los no bendecidos, tal como el que pronunciara Esaú. Tan fuerte y determinante fue este, que no solo lo llevó a la antítesis del comportamiento de su padre, sino más que eso, lo llevó hacia la ruta destructiva del comportamiento homosexual.

TERCERA FALSA BENDICIÓN: LA BÚSQUEDA DEL ÉXITO

Esta es otra falsificación muy común de esta época. En nuestros jóvenes existe una permanente sensación de no haber alcanzado lo suficiente. Una vez más las carencias se convierten en el motor de búsqueda de ese algo que llene su diario vivir. Así las prioridades

En la vida se ordenan de manera equivocada y el trabajo para a un primer plano por el resto de su existencia. Les contaremos algo más cerca de la desesperante búsqueda de éxito que emprendan muchas personas hoy en día:

La fórmula mágica

En la actualidad, vemos un mundo muy competitivo en las empresas, donde los ejecutivos jóvenes están presos a alcanzar lo que era inalcanzable, y donde los logros a temprana edad son la consigna que conduce a un éxito profesional asegurado. Esto ocurre en todos los estratos: La competitividad está presente en la universidad, en la escuela secundaria e incluso en las escuelas de niños.

Sin embargo, ¿De dónde proviene es insaciable sed de los logros? De una generación de niños que creció en un hogar donde no hubo palabras de bendición. Es decir, donde no decía algo positivo ni que reafirmara el amor de los padres, algo que fortaleciera su valor e identidad. O quizás esa sed de logros proveyera de un hogar donde simple y sencillamente no se decía nada.

Esta generación está creciendo viendo a sus padres ocupando todo su tiempo en el círculo vicioso de trabajar, comer y dormir. Es más, invirtiendo demasiado tiempo también en el día a día, es decir, en lo que conocemos, vestimos, pagamos, compramos, etc.

Entonces, ¿Qué ocurre cuando en medio de la oscuridad hay un destello de aprobación y uno de los hijos llega de la escuela con unas calificaciones extraordinarias? De inmediato, y por primera vez, sus padres solo tienen elogios para él: ¡Es un sueño! ¡Eso fue lo que le pasó a Juan, nunca había recibido tantas felicitaciones y regalos por algo que hubiera hecho! ¡Ya podía sentir que a la familia le importaba en realidad!

Después de esto, Juan sintió que tenía la fórmula mágica para escuchar palabras de aceptación: Los grandes logros ¡Ahora sí valía la pena estudiar y estudiar! Y no le importaba que los amigos vinieran a buscarlo ni que se pusieran a jugar frente a su casa, pues al final iba a escuchar unas cuantas calificaciones. Así, su valor empezaba a forjarse según sus logros.

La fórmula mágica hizo que terminara la escuela y llegara a la universidad con un apetito voraz de logros y reconocimientos: Siempre fue el primero de su clase y se perfilaba como el gran ejecutivo de la carrera que estudiaba. Sus compañeros no dudaban en consultarle cada paso que daban, pues Juan era el sabelotodo más popular de la universidad.

En casa, por otro lado, mamá y papá hasta dejaron de sorprenderse con los logros de Juan y empezaron a creer que no necesitaba de algún otro elogio, puesto que desde que era pequeño siempre habían ponderado cada paso de éxito que daba. Juan se convirtió en un célebre hombre de negocios para demostrarles a sus padres que era alguien. Su adicción al trabajo se volvió perturbadora, siempre se preocupaba por alcanzar cada vez más sin importar si iba a costar el sacrificio de su propia vida personal.

La fórmula  mágica de Juan lo llevó a la desierta ruta del éxito de donde solo pudo salir entendiendo que la falta de bendición era lo que había provocado esa gran carencia en su vida. El mismo grito desesperado de Esaú cuando exclamó: “Bendíceme también a mí, padre mío” Fue el grito que siempre tuvo Juan a través de su vida. El éxito es la falsificación más engañosa de la bendición. Debemos orientar a nuestros hijos para que sus motivaciones de alcanzar logros sean en el orden de Dios y no en el orden de Satanás.