Amor: ¿No es obvio?

Todo niño que siente amado por sus padres gusta con mayor facilidad de la presencia de Dios, Hazte las siguientes preguntas: ¿Cuántas veces al día los abrazas? ¿Cuántas veces al día los veces? Uno de los problemas más comunes es que algunos padres logran ser muy afectuosos mientras sus hijos son muy pequeños, pero a medida que van creciendo, el afecto entre padres e hijos va menguando ¿Por qué tiene que ser así? No debe haber razón alguna para dejar de ofrecer afecto físico, cariño y expresiones abiertas de amor a nuestros hijos independientemente de la edad que tengan.

Hay jovencitos que cuando llegan a la adolescencia ya no quieren que sus padres les expresen amor en público porque piensan que se van a burlar de ellos, sin embargo, para sorpresa de ellos mismos, descubren que son admirados por sus compañeros por la relación que existe entre ellos y sus padres. Algunos compañeros hasta ofrecen en broma a sus padres para poder disfrutar de aquello para algunos es cotidiano.

Existen personas que justifican el no ser cariñosos por su personalidad. Si Dios no nos hubiera demostrado su amor con acciones, ni tú ni yo hubiéramos estado gozando de nuestra relación con Él. La personalidad de Dios es ser afectuoso en el amor y demostrarlo en acciones; por lo tanto, todos nosotros hemos sido llamados a imitar la personalidad de Dios,

Descarta esa personalidad que te hace ser poco afectuoso, y decide adoptar la personalidad de Dios. Tengamos estos por regla y por ley,

El amor no expresado, aunque sea amor, es un amor sin fruto. Podrá ser amor, pero queda improductivo.

De nada sirve el amor que no tiene fruto. El afecto físico es imprescindible. No es un asunto de personalidad, sino un asunto de libertad. Si eres libre, podrás amar y ser afectuoso sin inhibiciones. Si eres libre para dar amo, así no te lo hayan demostrado afectuosamente, si destruyes esa maldición puedes amar y bendecir a los tuyos.

Hay quienes pueden llegar a cierto grado de afecto pero no pueden mirar a la pupila de los ojos del otro a quien le quieren expresar amor. No pueden decirle: “Te amo, no te imaginas cuanto te amo” Mirándolo a la pupila de los ojos. ¡Cuánto necesitan nuestros hijos que en momentos dados les tomemos el rostro, penetremos su mirada, y como metiéndonos por sus pupilas les digamos:

“LE RUEGO A DIOS QUE ME AYUDE A DEMOSTRARTE DURANTE TODA MI VIDA, CUÁNTO TE AMO. Y NO IMPORTA QUÉ EDAD LLEGUES A TENER, QUE PUEDE YO SIEMPRE CONVENCERTE DE CUÁNTO TE AMO ¡ESO ES LIBERTAD!"

Tomado del curso: ¡Señor, que mis hijos te amen! del Centro para el desarrollo de la Familia