La unión de dos buenos perdonadores

El perdón significa liberar de una obligación a alguien que ha sido perjudicado, es decir  remitir una deuda, ofensa o falta. Cuando hablamos del matrimonio que es un pacto estamos enmarcando el perdón como todo un reto porque convertirnos en genuinos perdonadores es lo que asegurará larga vida al matrimonio.

Uno se convierte en perdonador cuando hace una renuncia a tener la necesidad de querer “cobrarla” cuando nos hacen algo, es decir querer tomar venganza cada que hagan algo en con intención o sin intención. El matrimonio se trata de ser dos buenos perdonadores porque es la unión de dos personas dispuestas a librarse de celos, rencores, peleas, orgullos y otros elementos negativos para no tener “deudas” con el cónyuge y en el momento menos pensado “cobrársela”.

Sin duda, el matrimonio no es un jardín  de rosas porque siempre existen pequeñas y grandes diferencias entre los cónyuges. Diferencias que pueden abarcar temas como la comunicación, finanzas, confianza entre los cónyuges, temas domésticos, posturas políticas, horarios de trabajo, la familia extendida de cada uno de los cónyuges, etc. Estos aspectos van dándole forma a las pequeñas y grandes diferencias que se convierten en ofensas, ello es lo que pone a prueba el grado de comprensión con nuestro cónyuge, y además la capacidad que poseemos de decir “perdóname o te perdono”. Esta capacidad puede ser nula, pequeña, mediana, grande o inmensa porque, en general, lo que nos puede detener para perdonar es el propio orgullo, el rencor o el miedo a que el otro no sea el perdonador que esperamos que sea. Sin embargo esta tarea de ser perdonadores no se trata de uno solo, sino de ambos porque el matrimonio es un pacto y la única forma en que se cumpla a cabalidad un pacto es de a dos. Dejemos a un lado la soberbia, el orgullo y los rencores porque estos solo ocasionan daño en nuestro corazón y el de nuestro cónyuge.

Nuestro reto es tener la capacidad de perdonar ese cumulo de errores, ofensas, gestos incorrectos, palabras mal usadas y actitudes equivocadas, es decir todos esos errores de  comunicación que ocurren en la convivencia y que conllevan a peleas, disgustos, diferencias y rencores. Ten por seguro, que nunca estaremos preparados para los grandes retos de perdón que encontraremos en el matrimonio, pero tenemos que encontrar la manera de acoger al perdón en nuestra vida. El perdón es estar dispuesto a perdonar al otro y aceptar el perdón el otro, de esta manera funciona el perdón si aceptamos el perdón en nuestra vida matrimonial como un mecanismo más de renuncia personal y amor incondicional al otro, estaremos yendo por el camino correcto.

No seamos coleccionadores de amarguras, y luego en el momento menos pensado las  saquemos cual artillería pesada y arremetamos contra nuestro cónyuge. Seamos como Pablo en la carta a los colosenses, él dijo: “sean comprensivos con las faltas a los demás y perdonen a todo el que los ofenda.”

A quien perdonemos, sea nuestro cónyuge o alguien más, debemos hacerlo sin excepción o dudas, sin tener en cuenta lo que hizo o dejó de hacer porque el perdón se trata de renuncia y renovación, de ver al otro con los ojos de Dios.