¿Por qué peleamos, si nos amamos?

Alguna vez escuchaste la frase “Uno no sabe nada, hasta que lo vive”. Y sí, un matrimonio siempre está lleno de experiencias, etapas y sorpresas, es decir frecuentemente es la revelación de la otra cara de la naturaleza de su cónyuge. Lo que puede haber permanecido oculto en la personalidad de la persona brotará y eso puede poner a prueba el compromiso de amor.  

Desacuerdos, discusiones y conflictos a raíz de las diferencias existentes entre los miembros de la pareja son algo normal en las relaciones diarias. Pero ¿Alguna vez se puso a pensar cuántas veces discute con sus ser amado?

Aunque esto naturalmente varía según las circunstancias, una compañía de seguros en Gran Bretaña hizo una encuesta y encontró lo siguiente, en promedio podemos llegar a discutir con nuestra pareja hasta 2,455 veces al año.

Esto significa que tenemos desacuerdos hasta 7 veces al día. Nikki Sellers quien encabezó este exhaustivo estudio, señala: “Es un hecho que reñir es parte de una relación normal y sana. Desgraciadamente, nuestro estudio sugiere que se discute hasta siete veces al día. Y aunque las disputas pueden ser por cosas menores, sí parece ser demasiado”.

También se incluyen en el estudio los temas más serios, que no se resuelven amigablemente ya que puede llegar a romper la relación. Problemas de Dinero, pereza y no saber escuchar son las peleas más comunes, algunas veces rompiendo o destruyendo algo. Y por supuesto, está el abuso físico que pocos o ninguno admitirían en una encuesta.

¿Es increíble verdad? Llegar al punto de pelearse con la pareja que más amas, a quién escogiste como tu compañero (a) para toda la vida. Es muy importante aprender a confrontar los conflictos en el matrimonio, porque si bien es cierto una pareja “sana” no es la que nunca tiene “problemas” sino la que los resuelve.

La confrontación es el medio más directo y sano de resolver diferencias. Confrontar significa prontitud, interés y reconciliación. Se debe tener muy presente que el secreto de una buena confrontación no es ganar la batalla, sino más bien debe ser un camino hacia el perdón. Considerar que siempre hay que ganar cada discusión, decir la última palabra o salirse con la suya azotando la puerta de la habitación, es una forma errónea de pensar y actuar, ya que con esta actitud se está minimizando el valor y el respeto que merece y posee la pareja.

Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son propios de una relación, y existirán mientras ésta perdure, ya que la pareja está compuesta por dos seres totalmente imperfectos, con formas de pensar, sentir y actuar diferentes. Estas diferencias se originan no sólo de la forma en que los hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea, sino también a que cada uno proviene de familias  distintas.

¡Discutir correctamente o azotar la puerta! , “discutir correctamente” puede ser un valor siempre y cuando no se excluya un diálogo respetuoso, inteligente y mutuamente enriquecedor; por consiguiente en una discusión no debe existir la humillación, la deshonra, los insultos, los golpes, la manipulación a través del sexo, las burlas, ni las amenazas. Hay que poner en claro que discutir no significa pelear. Una discusión sabia busca el acuerdo a través de la exposición respetuosa de los puntos de vista de la pareja.

¡Quitar la actitud de mártir!  Se debe evitar adoptar una actitud de mártir, esta situación se da cuando uno de los cónyuges recuerda al otro los desvelos, detalles y renuncias, pretendiendo que le dé la razón a cambio de “lo mucho” que le debe. Como por ejemplo:”¿Recuerdas aquella vez cuando me hiciste eso? “No me defendiste” “Te importa más tu madre que yo”.

¡Sin vencedor, ni vencido! Toda discusión debe quedar en buenos términos para ambos cónyuges, por lo tanto es muy importante no asumir una posición de ataque, la discusión siempre debe mantenerse en el terreno impersonal, no atacando al esposo con recriminaciones duras o haciendo referencia a la apariencia del otro o a los defectos reales o imaginarios que posee.

Aprender a perdonar, este es el paso más importante para poder sobrellevar una relación entre personas completamente diferentes. Perdonar no es inventar un sentimiento místico. Aun cuando se decide perdonar, el dolor puede tomar tiempo para ser sanado; porque perdón no es sinónimo de amnesia, pero sí permite alejar los recuerdos negativos, del presente.